30 km/h, imprescindibles para la convivencia coche-moto

30 km/h, imprescindibles para la convivencia coche-moto
30 km/h, imprescindibles para la convivencia coche-moto
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30 km/h, imprescindibles para la convivencia coche-moto

Grégoire Gonin – Historiador

Publicado hoy a las 06:21

Mientras los estudios destacan los múltiples beneficios de 30 km/h en las zonas urbanas, ¿cómo podemos descifrar la ofensiva reaccionaria de la burguesía llevada a cabo contra la Unión de Ciudades Suizas? El planteamiento demuestra una vez más la defensa de geometría variable (o de dos velocidades) del federalismo, aquí su primera base, la comuna: un estandarte blandido religiosamente cuando se trata de oponerse a cualquier progreso social, pero en este caso anatema en nombre de la democracia nacional. alcance de la ley de tránsito. Sin embargo, en un libro de 1978, el constitucionalista liberal Jean-François Aubert elogió las virtudes de un procedimiento “propicio para la experimentación”, que podría “servir de ejemplo” en caso de éxito.

Ya en 2015, la Asociación Suiza de Ingenieros y Expertos en Transportes concluyó en su conferencia que “la velocidad máxima debe ser de 30 km/h”, señalando, además de la reducción de los accidentes y del ruido, una pérdida anecdótica de tiempo (2 segundos por 100 m). En 2020, el parlamento del Pays-Pays, Estado liberal donde los haya, decretó un máximo de 30 km/h, por iniciativa –impensable aquí– de los fabricantes e importadores de vehículos. Están en juego la seguridad y la calidad del aire, sobre las cuales “24 Horas” presentó un panorama nacional edificante el 5 de abril. En 2012, una prueba en Madrid demostró que el consumo de combustible se reducía en un tercio en ausencia de aceleraciones y frenadas intempestivas, una de las fuentes, junto con el peso, de las 9.000 toneladas de residuos de abrasión de neumáticos que acaban en la naturaleza cada año. En Suiza.

Sin remontarnos a la Ley de Bandera Roja de 1865, que vio a Inglaterra, cuna de la industrialización, limitar la velocidad de los vehículos motorizados a 6 km/h, podríamos inspirarnos en el Concordato Intercantonal de 1904. En la ciudad, la velocidad no puede superar los 10 km/h, el paso de un caballo al trote. Trasladando el espíritu de la ley a la actualidad, la necesidad de 30 km/h resulta evidente. Reducir la diferencia de velocidad significa cuidar a los usuarios de la vía más vulnerables, los ciclistas, de los cuales sólo el 35% se siente seguro, frente al 97% de los automovilistas, según una encuesta ATE de 2018 apenas perjudica a estos últimos, dada la velocidad media de 21 y 20. 25 km/h en horas punta en Ginebra y Lausana, según el índice TomTom.

Historia de las mentalidades

Entra entonces en juego la historia de las mentalidades y el desafío de descolonizar los imaginarios caducos del automóvil: velocidad, libertad, potencia, modernidad, virilidad. “Dime qué tan rápido te mueves y te diré quién eres”, resume Ivan Illich en “Energía y equidad” (1973). Mucho después de Roland Barthes y sus “Mitologías” (1957), el “coche” sigue consumido en su imagen (ostentoso) y no en su uso (contraproducente). Nada es más molesto, teniendo en cuenta el precio de los todoterrenos, que verse sorprendido en un semáforo en rojo por un Vélib al que se suben los “bobos” después del “brunch” para ir a su “sesión de yoga”, criticó el presidente del Frente en 2012. nacional.

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