“Me permitió abandonar los rasgos que mi padre me había legado, como él me había abandonado a mí” – Libération

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“Me permitió abandonar los rasgos que mi padre me había legado, como él me había abandonado a mí” – Libération
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Testimonio

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El deseo de rendir homenaje a un padre, de romper con otro o con su pasado, hace que cada vez sean más los que cambian de nombre. Hoy, en el primer episodio de nuestra serie, Marina, de 26 años, trabaja como abogada en París.

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Desde la simplificación del procedimiento en julio de 2022 gracias a la ley Vignal, 150.000 personas ya han cambiado de apellido, triplicando la demanda, según un estudio del INSEE. El proceso fue realizado por gente relativamente joven: la mitad tiene entre 18 y 29 años, una cuarta parte entre 30 y 39 años. Y son principalmente las mujeres, un 57%, las que han cambiado de nombre. Hoy, Marina (1), de 26 años, sólo conserva el nombre de su madre y describe un “sentimiento de justicia”.

“Cambié mi apellido en el verano de 2022, justo después de que la ley entrara en vigor. Ya en la universidad junté los dos nombres de mis padres como nombres comunes. Finalmente amputé el de mi padre. En el registro civil me preguntaron si estaba seguro. Tuve que esperar un mes antes de poder firmar. Me hizo pensar en la semana de reflexión de un

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