Casi 10 millones de franceses afectados por la osteoartritis en 2050: cómo frenar esta enfermedad

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Casi 10 millones de franceses afectados por la osteoartritis en 2050: cómo frenar esta enfermedad
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Publicado en 11 de mayo de 2024 a las 21:00 horas.

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“Vaya, se me ha quedado atascado en las articulaciones… ¡Ya no soy tan flexible como antes! »

¿Quién, pasada cierta edad, nunca ha pensado (o escuchado decir a quienes lo rodean) este tipo de frases? Dificultad para caminar, levantar los brazos, ponerse de pie… A medida que pasa el tiempo, nuestra mecánica corporal ya no está tan bien engrasada y doblar nuestras articulaciones se vuelve más complicado.

Si a veces podemos achacar a nuestros males los falsos movimientos provocados por nuestras actividades, nuestra falta de ejercicio o incluso el clima, a menudo también nos viene a la mente otro sospechoso: osteoartritis. Y con razón: esta enfermedad no es rara, ya que se estima que afectará a casi 10 millones de franceses en 2050. ¿Qué lo causa? ¿Se pueden mitigar sus efectos?

Cuando las articulaciones se bloquean

La osteoartritis es una enfermedad musculoesquelética, lo que significa que afecta el sistema que le da a nuestro cuerpo su estatura y le permite moverse. Este está formado por músculos, huesos y articulaciones, los puntos de contacto entre ellos. Son los que aseguran la movilidad de nuestro esqueleto. Y también son blanco de la artrosis, como nos enseña la etimología de esta palabra, del griego “artrosis”, “articulación”.

La artrosis ataca directamente a una o varias articulaciones, sean las que soportan peso (es decir, las que soportan el peso del cuerpo: rodillas, caderas, tobillos, columna, etc.) o no. La gonartrosis (u osteoartritis de rodilla) es la más común, seguida de la coxartrosis (u osteoartritis de cadera). También existe artrosis de los dedos y rizartrosis (u artrosis que afecta a la base del pulgar), la de la columna y, más raramente, la del hombro, el codo o el tobillo.

Los mecanismos del origen de esta enfermedad crónica aún no están del todo identificados, pero sabemos que ciertos factores como el envejecimiento y el sobrepeso pueden favorecer su aparición. La artrosis se clasifica como artrosis primaria si se desarrolla de forma espontánea. Se dice que es secundaria si se manifiesta tras un traumatismo en una articulación u otra enfermedad articular, como la artritis (inflamación de las articulaciones resultante de una disfunción del sistema inmunológico) o la gota (reumatismo causado por depósitos microscópicos de cristales de ácido úrico en las articulaciones).

Aunque hay muy pocos trabajos científicos que describan los orígenes genéticos, sí sabemos que determinadas actividades aumentan el riesgo de osteoartritis. Éste es, por ejemplo, el caso de los deportes de alto nivel o de las profesiones que implican el transporte de cargas pesadas o la ejecución de movimientos repetidos.

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¿Cómo funciona una articulación?

Una articulación sana está formada por las siguientes estructuras:

  • Músculos, que se unen a los huesos a través de tendones. Estabilizan la articulación para permitirle moverse;

  • Los huesos, que sostienen el cuerpo y permiten la inserción de tendones y ligamentos. Los ligamentos y la cápsula articular que estabilizan los huesos entre sí para evitar su dislocación;

  • Cartílago, que cubre los extremos de los huesos. Este cartílago articular es una especie de cojín, sin nervios ni vasos sanguíneos, que absorbe los golpes y favorece el movimiento fluido de las articulaciones. Descansa sobre una porción ósea llamada hueso subcondral;

  • La membrana sinovial, que recubre el interior de la cápsula articular. Produce líquido sinovial (o sinovia), que asegura la lubricación de las articulaciones y la nutrición del cartílago por imbibición. Es un exudado de plasma sanguíneo, de composición muy similar, pero enriquecido con ácido hialurónico, producido por la membrana sinovial. La membrana sinovial también elimina los cuerpos extraños presentes en la articulación.

¿Qué le hace la osteoartritis a las articulaciones?

Anteriormente se pensaba que la artrosis era una patología ligada exclusivamente a problemas de cartílago. Sin embargo, ahora está bien establecido que los mecanismos asociados a esta enfermedad son mucho más complejos e involucran no sólo al cartílago, sino también a todas las estructuras de la articulación (tendones, huesos, membrana sinovial, ligamentos).

La osteoartritis provoca la degeneración del cartílago, junto con la inflamación de las articulaciones. Esta inflamación puede ser tanto la causa como la consecuencia de la osteoartritis.

Debido a esta lenta y progresiva destrucción, la almohadilla cartilaginosa pierde gradualmente la capacidad de amortiguar las tensiones mecánicas aplicadas a la articulación durante los movimientos. Víctima de las presiones mecánicas resultantes, el hueso subcondral reacciona formando, en la periferia de la articulación, crecimientos óseos llamados “picos de loro” (u “osteofitos”).

En inglés osteoarthritis es “osteoarthritis”, cuya traducción literal sería “osteoartrosis”. Este nombre en inglés destaca la contribución del hueso subcondral a la osteoartritis.

Dado que el cartílago articular carece de nervios, su destrucción no causa dolor a los pacientes. Cuando la articulación empieza a doler, ya es demasiado tarde y las demás estructuras articulares se ven afectadas (¡porque están inervadas!) y esto significa que la artrosis ya está bien establecida.

La osteoartritis conduce gradualmente a la destrucción de la articulación, lo que provoca un grave deterioro de la movilidad. Los pacientes experimentan problemas para mantenerse en pie (caminar, correr, etc.), así como problemas en las articulaciones de las manos, los codos o los hombros que dificultan el agarre o el transporte. También pueden ocurrir problemas de espalda (dolor de cuello, dolor de espalda y dolor lumbar), cuando los discos intervertebrales se ven afectados.

¿Prevenir la artrosis?

En términos de prevención, los profesionales aconsejan a los pacientes perder peso cuando sea necesario y practicar regularmente una actividad física adaptada específicamente a los pacientes que les permita movilizar y fortalecer las articulaciones sin traumatizarlas (natación, etc.).

Esta actividad debe ir asociada a una dieta equilibrada para evitar, por un lado, el exceso de peso, importante factor de riesgo de reumatismo, y, por otro, las deficiencias de calcio y vitamina D, que aumentan el riesgo de osteoporosis y, por tanto, de fracturas. .

También se recomienda la prevención de traumatismos, desde la infancia y la adolescencia. Este punto es especialmente importante a la hora de practicar deporte. Para ello, es necesario formar a los preparadores deportivos en las consecuencias osteoarticulares del traumatismo (calentamientos específicos, fortalecimiento muscular para estabilizar las articulaciones, interrupción adecuada de la práctica deportiva en caso de traumatismo, etc.).

Por último, es importante prevenir las caídas en las personas mayores, ya que pueden provocar fracturas que pueden provocar artrosis.

Tratamientos para la osteoartritis

La estrategia terapéutica global para el tratamiento de la artrosis consiste en mantener la calidad de vida del paciente y frenar su progresión.

Inicialmente las intervenciones son no quirúrgicas y consisten en el manejo de los síntomas. Por tanto, estos tratamientos se dirigen a las consecuencias de la enfermedad, pero no a la enfermedad en sí. Se trata de preservar la movilidad y aliviar el dolor mediante analgésicos y antiinflamatorios. Si estos medicamentos pierden su eficacia, el siguiente paso es recurrir a la cirugía, siempre para aliviar el dolor e intentar recuperar la movilidad articular.

Existen diferentes enfoques, como el drenaje del exceso de membrana sinovial, el lavado de la articulación eliminando posibles restos de cartílago o hueso, la reparación de tendones después de una rotura, una sinovectomía, es decir, la eliminación del exceso de membrana sinovial (debido a la inflamación), la artrodesis para bloquear la articulación y soldar los huesos, etc.

El último enfoque es la instalación de una prótesis para reemplazar la articulación. De hecho, el cartílago articular no se puede regenerar y, por tanto, su destrucción es permanente. La colocación de prótesis es común para la cadera y la rodilla, y también existe para otras articulaciones como el hombro, el tobillo y los discos intervertebrales. Existen prótesis parciales o totales (reemplazo de toda la articulación).

Osteoartritis, una enfermedad grave pero apenas visible

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) ha reconocido la osteoartritis como una enfermedad grave para la cual existe una necesidad médica altamente insatisfecha de terapias que modifiquen la progresión de la enfermedad.

Ya sean jóvenes que han sufrido traumatismos articulares o personas mayores que enfrentan el estrés típico debido al envejecimiento o la degeneración de los tejidos, existe una necesidad imperiosa de apoyar la investigación científica para explorar nuevas estrategias terapéuticas sostenibles.

Si bien determinadas patologías como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares son objeto de numerosas investigaciones encaminadas a desarrollar soluciones terapéuticas eficaces, no ocurre lo mismo con la osteoartritis. Ciertamente, incluso en ausencia de un tratamiento eficaz, el pronóstico vital de los pacientes afectados por esta enfermedad articular no se ve comprometido.

Pero si bien la osteoartritis “no mata”, afecta a varios cientos de millones de personas en todo el mundo, cuya calidad de vida empeora significativamente. Su tratamiento constituye un problema global, tanto económico como de salud pública. De hecho, la osteoartritis contribuye a un aumento de las situaciones de discapacidad y de morbilidad.

Al afectar al envejecimiento de la población y a la población francesa en general, reduce el número de años de vida con buena salud y constituye una pesada carga, debido a las jubilaciones prematuras, las denuncias de enfermedades profesionales y las jornadas laborales perdidas cada año que da a luz.

Desgraciadamente, pasa a un segundo plano frente a la investigación sanitaria, ya que los trabajos sobre la osteoartritis siguen estando escasamente subvencionados en comparación con los trabajos sobre patologías cuyas consecuencias se consideran más inminentes.

Sin embargo, apoyar la investigación científica es fundamental, más aún desde la aparición de la medicina regenerativa, que podría representar una oportunidad para tratar los defectos del cartílago y favorecer su regeneración.

Entre los enfoques más prometedores se encuentran la construcción de injertos de cartílago utilizando biomateriales y células madre combinados con impresión 3D, o el uso de preparados de nanopartículas inyectables en la articulación para frenar la progresión de la osteoartritis. Estas nanopartículas pueden ser de origen humano, como vesículas extracelulares producidas por células madre, o artificiales, como liposomas producidos a partir de lípidos vegetales o marinos.

Financiar esta labor, en particular gracias al apoyo del Estado y de asociaciones como la Sociedad Francesa de Reumatología o la Fundación para la Investigación Médica, es esencial si queremos garantizar el envejecimiento exitoso de nuestra población y su capacidad de seguir envejeciendo. Muévete con total tranquilidad, a pesar de la vejez.

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