Esguince, tendinitis, golpe violento… ¿debo aplicar hielo? La ciencia lo desaconseja

Esguince, tendinitis, golpe violento… ¿debo aplicar hielo? La ciencia lo desaconseja
Esguince, tendinitis, golpe violento… ¿debo aplicar hielo? La ciencia lo desaconseja
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Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

Probablemente hayas escuchado, practicado o incluso seguido este consejo: tras una lesión aguda (esguince, golpe fuerte, tendinitis, etc.), conviene aplicar hielo en la zona afectada. Sin embargo, los nuevos protocolos de intervención lo desaconsejan como norma general.

Esto parece contradictorio, porque el uso de hielo (crioterapia) provoca una disminución de la conducción nerviosa y vasoconstricción local (estrechamiento de los vasos sanguíneos), lo que proporciona alivio del dolor a corto plazo y reduce la inflamación y el edema.

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En su diccionario, la Academia Nacional de Medicina la define como “inflamación de un tendón que puede ser de origen microtraumático o ligada a un reumatismo inflamatorio”. Y me apresuro a precisar que el término está “obsoleto debido a la ausencia de inflamación real en las lesiones observadas”… Por eso sería preferible utilizar la palabra “tendinopatía”, que designa de manera más amplia cualquier “lesión de los tendones cualquiera que sea su origen”. naturaleza”.

Entonces ¿por qué es mejor abstenerse? Para responder a esta pregunta, veamos primero qué es la inflamación y si nos conviene hacer algo al respecto.

Una reacción natural

La inflamación es un proceso fisiológico normal para que el cuerpo se recupere de una lesión. Inmediatamente después de que ocurre la lesión, los vasos sanguíneos se contraen para evitar la pérdida de sangre. En pocos minutos, una vez sellada la herida, el calibre y la permeabilidad de estos vasos aumentan para permitir la entrada de sustancias y células inmunes con efectos inflamatorios. Este es el momento de que intervengan los neutrófilos, que son responsables de las “tareas de limpieza”.

El aumento de la permeabilidad vascular genera a su vez un aumento del volumen de líquido -medio de transporte de todas estas sustancias- que llega a la zona afectada. Esta hinchazón se conoce como edema y satisface las necesidades fisiológicas de curación.

Cuando el proceso inflamatorio alcanza su punto máximo, la acumulación de sustancias produce una serie de señales bioquímicas que inician la fase de proliferación tisular o de curación. Los mismos procesos que generaban inflamación en la etapa anterior ahora liberan compuestos como las lipoxinas, que tienen un gran poder antiinflamatorio.

Además, según estudios recientes, los neutrófilos, que han venido a “limpiar” la zona lesionada, cambian su modo de acción durante esta fase y también tienen efectos antiinflamatorios y regenerativos.

En otras palabras, para que todo el proceso de curación se produzca correctamente, la inflamación debe seguir su curso fisiológico.

Cambios de protocolo

A medida que se han comprendido mejor estos mecanismos biológicos, han evolucionado las estrategias para el tratamiento de las lesiones agudas.

Creado en 1978 por el médico estadounidense Gabe Mirkin, el protocolo RICE se centró en la crioterapia. Su sigla significa Reposo, Hielo, Compresión y Elevación. Desde los años 1980, fue sustituido por el protocolo PRICE que añadió la protección (la P) de la zona en cuestión.

Posteriormente, en 2012, apareció el protocolo POLICÍA. Este método siempre recomienda el uso ocasional de hielo en fases muy agudas. Pero ofrece un cambio sustancial en el tratamiento de este tipo de lesiones. Sustituye el R de reposo por el OL de Carga Óptima. Es decir, el paciente debe empezar a moverse lo antes posible, comenzando con movimientos que no impliquen la lesión y no provoquen dolor.

Esta estrategia de carga óptima y progresiva ha demostrado que la movilización temprana y la rehabilitación funcional son más efectivas que la inmovilización y el reposo total.

El protocolo actual: “PAZ y AMOR”

A pesar de la aparente eficacia de los métodos mencionados anteriormente para reducir el dolor, las recaídas (recurrencias de viejas lesiones) son comunes. De hecho, las patologías tendinosas más comunes suelen estar causadas por un fallo en el proceso de curación. Por eso se suele decir que “los esguinces nunca sanan del todo”.

Estamos en 2019, cuando los expertos canadienses Blaise Dubois y Jean-François Esculier proponen su protocolo PAZ y AMOR. La principal novedad es que este protocolo sugiere evitar los antiinflamatorios (A de Evitar antiinflamatorios), incluido el uso de hielo.

Estos cambios de enfoque responden a la evidencia científica. Explicamos anteriormente que la vasodilatación es necesaria para la llegada de todas las sustancias imprescindibles para la curación. Presumiblemente, el hielo ralentiza el proceso y altera las vías de curación óptimas.

Por ejemplo, una revisión sistemática de 22 ensayos clínicos, publicada en 2004, ya advertía sobre la limitada evidencia disponible de que el hielo y la compresión pueden tener un efecto significativo en la cicatrización de heridas.

El mismo año, el especialista estadounidense Scott F. Nadler declaró:

“Aunque las modalidades de tratamiento con frío y calor disminuyen el dolor y los espasmos musculares, tienen efectos opuestos sobre el metabolismo de los tejidos, el flujo sanguíneo, la inflamación, el edema y la extensibilidad del tejido conectivo. »

En resumen, el hielo y ciertos antiinflamatorios modifican el proceso inflamatorio y favorecen procesos de mala recuperación y fibrosis. Esto puede provocar que el tejido no se regenere adecuadamente y sea más susceptible a sufrir más lesiones.

El propio Mirkin, creador del protocolo RICE, admitió en 2015 que “el hielo retrasa la curación”.

¿Qué pasa con el dolor?

El dolor nociceptivo (nocicepción) es el dolor que sentimos en respuesta al daño tisular. Esta señal de advertencia genera cambios adaptativos (como limitar el movimiento y la carga) para permitir una curación adecuada.

Así, neutralizar la nocicepción con hielo o antiinflamatorios puede retrasar o agravar la lesión, porque ya no cumple su función protectora si no tomamos esas horas necesarias o unos días de descanso.

Como consejo general, podemos recomendar a los afectados que sigan el protocolo PAZ y AMOR y, durante la fase de reparación, consuman alimentos ricos en omega-3 (EPA y DHA) y complementen su dieta con vitaminas vs.

Sin embargo, en caso de sufrir una lesión grave, lo mejor es consultar a un médico o fisioterapeuta, quien te dará consejos y te sugerirá el proceso de curación más adecuado.

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