Quizás la gasolina no fuera tan mala… Para estos especialistas, el coche eléctrico se enfrenta a un enorme problema que se agravará aún más en los próximos años.

Quizás la gasolina no fuera tan mala… Para estos especialistas, el coche eléctrico se enfrenta a un enorme problema que se agravará aún más en los próximos años.
Quizás la gasolina no fuera tan mala… Para estos especialistas, el coche eléctrico se enfrenta a un enorme problema que se agravará aún más en los próximos años.
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Europa tiene un gran problema con los coches eléctricos y esto podría volverse muy restrictivo en el futuro. La desaceleración de las ventas de coches eléctricos se debe en parte a la falta de infraestructura.

Es hora de hacer sonar la alarma

A medida que se intensifica la lucha contra el calentamiento global, el cambio a la electricidad se perfila gradualmente como una solución para la movilidad del mañana. Sin embargo, un obstáculo importante podría frenar esta transición ecológica: la evidente falta de estaciones de carga para vehículos eléctricos.

Según un informe publicado a finales de abril de 2024

Según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), la brecha está creciendo peligrosamente entre el creciente número de coches eléctricos en circulación y la infraestructura de carga disponible.

Las cifras son claras: entre 2017 y 2023, las ventas de coches eléctricos en la Unión Europea crecieron tres veces más rápido que la instalación de estaciones de carga. ACEA hace sonar la alarma y prevé una necesidad ocho veces mayor de puntos de recarga para 2030 en comparación con la tasa actual.

Para Sigrid de Vries, directora general de ACEA, la ecuación es sencilla:

El fácil acceso a las estaciones de carga públicas no es un lujo, es una condición imprescindible para descarbonizar el transporte por carretera

La propia Comisión Europea preveía la necesidad de alrededor de 3,5 millones de terminales accesibles al público de aquí a 2030. Una cifra considerada en gran medida insuficiente por la ACEA, que estima esta cifra en 8,8 millones. Esta brecha puede explicarse por varios factores: estimaciones divergentes del número de vehículos eléctricos en circulaciónuna infravaloración del consumo energético real de estos vehículos y la falta de tener en cuenta los vehículos utilitarios eléctricos e híbridos enchufables en los cálculos de la Comisión.

Si el objetivo de la Comisión puede parecer ambicioso, el de la ACEA parece francamente titánico. De hecho, para alcanzar los 8,8 millones de terminales previstos para 2030, sería necesario instalar más de 1,2 millones por año, o más de 22.000 por semana. Una tasa ocho veces superior a la observada en 2023.

¿Un desafío alcanzable?

Este colosal desafío plantea muchas preguntas. ¿Cómo podemos acelerar la implementación de dicha red de estaciones de carga? ¿Qué inversiones se necesitan? ¿Quién debería ser el actor principal, los Estados, las empresas privadas o una asociación público-privada?

Están surgiendo varias soluciones posibles. En primer lugar, es esencial simplificar los procedimientos administrativos, a menudo engorrosos, que dificultan la instalación de terminales. Luego, debemos fomentar la inversión privada en este sector mediante la creación de sistemas de apoyo financiero e incentivos fiscales. Por último, la innovación tecnológica debería desempeñar un papel clave. El desarrollo de estaciones de carga ultrarrápida reducirá significativamente los tiempos de cargaun argumento crucial para convencer a los conductores que aún se resisten a pasarse a lo eléctrico.

La transición a la movilidad eléctrica no se puede lograr sin una política ambiciosa en términos de infraestructura de carga. Hay mucho en juego, pero el retraso se puede compensar, según los especialistas. Al unir fuerzas, los gobiernos, los fabricantes de automóviles y las partes interesadas del sector energético pueden convertir este desafío en una oportunidad para construir un futuro con bajas emisiones de carbono.

Por ahora, la gasolina quizás no sea “tan mala después de todo” para algunos automovilistas, al menos para el híbrido. Pero ante la emergencia climática, repensar nuestras infraestructuras y cambiar nuestros hábitos de viaje se vuelve esencial. La llegada del coche eléctrico está en marcha y su éxito depende en gran medida de nuestra capacidad para afrontar el reto de las estaciones de carga.

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