En Guadalupe, Soufrière, un volcán bajo estrecha vigilancia

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En el volcán Soufrière, en Guadalupe, el 8 de abril de 2024. TOMÁS PADILLA/MAXPPP

Instalado en la cima del monte Houëlmont, los científicos del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Guadalupe (OVSG) vigilan Soufrière, la montaña situada justo enfrente. Cuando no está envuelto por las nubes, el cono Vyè Madanm (“la vieja” en criollo), el punto más alto de las Antillas Menores, deja escapar poderosas columnas de vapor, a veces visibles desde muy lejos. “Ha habido una progresión constante de actividad desde que el volcán se despertó en 1992”, subraya Ivan Vlastelic, director del OVSG.

A principios de mayo, el prefecto de Guadalupe, Xavier Lefort, emitió una orden que prohibía completamente el acceso a los casi 4.000 metros cuadrados del cráter Sur, una parte de la cumbre que hasta entonces seguía siendo accesible a los turistas acompañados de profesionales y equipados con máscaras antigás. . “Existe un riesgo real” afirma Ivan Vlastelic. Sobre todo por la temperatura de las fumarolas que emergen del suelo. “Durante los últimos treinta años, la temperatura nunca había superado los 130°C”. explica el científico. Pero desde hace dos años, el calor ha ido aumentando y, en 2023, la temperatura alcanzará los 212°C de forma sostenible. “Imaginábamos que esto estaba relacionado con el déficit hídrico debido a la estación seca, pero, incluso después del regreso de las lluvias de la estación húmeda, la temperatura no disminuyó”. él añade.

Secado del volcán

Los científicos plantean dos hipótesis: la primera, la de un resurgimiento de la actividad magmática, queda invalidada –al menos a corto plazo– por la reducción de la microsismicidad. “Si el magma volviera a subir tendríamos otros signos como una expansión de los bordes del volcán, lo cual no es el caso”, detalla Vlastelic. La segunda hipótesis, más probable, es el déficit de precipitaciones inducido por el cambio climático en particular, y su proporción de sequías que abundan incluso en los ambientes tropicales. “Ciertas fallas en las laderas de la montaña se están reduciendo, lo que parece indicar que el volcán se está secando”, indica además el científico. Los efectos a largo plazo del fenómeno siguen siendo inciertos, debido a cambios en las propiedades mecánicas del sistema volcánico y los equilibrios entre gases.

En cualquier caso, para los vulcanólogos de Guadalupe y del Instituto de Física Globo de París, que supervisa el OVSG, la probabilidad a corto plazo de una erupción sigue siendo baja, y los signos de actividad no coinciden con los de tal evento. Pero los expertos coinciden en un cambio en el régimen del volcán, “teniendo en cuenta la renovada actividad sísmica y fumarólica registrada desde febrero de 2018”lo que justifica dejar el volcán bajo estrecha vigilancia.

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