México | Pozos naturales amenazados por un proyecto turístico, una “pesadilla” para los ambientalistas

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(Solidaridad) Es la “pesadilla” de los ambientalistas en México: la construcción del Tren Maya, un megaproyecto turístico del presidente saliente Andrés Manuel López Obrador, amenaza los cenotes, esos pozos subterráneos prehispánicos que abundan en la península de Yucatán.


Publicado a las 8:18 a.m.

Juan ARCE

Agencia de Medios de Francia

En una cueva de la Riviera Maya, enormes columnas de acero destruyen el delicado ecosistema de una de estas 2.400 simas llenas de agua dulce cristalina, puerta de entrada a los “inframundos” de la muerte y la enfermedad en la cosmovisión maya.

Los pilares fueron instalados por equipos de construcción del Tren Maya, que recorrerá 1.500 kilómetros alrededor de la Península de Yucatán, en el sureste de México, un megaproyecto del presidente saliente de izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

La idea es extender los beneficios del turismo más allá de Cancún, hacia el interior, que sigue siendo una de las zonas más pobres de México, a pesar de su proximidad a la perla del Caribe.

“Aquí hemos vivido nuestra peor pesadilla”, suspira abatido Roberto Rojo, biólogo y espeleólogo, según quien las máquinas equipadas con un zarcillo gigante han roto “el techo de la caverna” y “las estalactitas milenarias”. .

Roberto Rojo pertenece al colectivo “Sálvame del tren”, que publicó en marzo un vídeo documentando los daños causados ​​por la instalación de pilares de soporte en medio del bosque.

“Ecocidio”

Los defensores del medio ambiente denuncian la ausencia de un estudio de impacto y, en general, el arranque de 8,7 millones de árboles para dar paso al tren.

“Un ecocidio”, aseguran, mencionando también los daños irreversibles infligidos al ecosistema subterráneo.

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FOTO CARL DE SOUZA, AGENCIA FRANCE-PRESSE

El presidente López Obrador califica a los integrantes del colectivo de “pseudodefensores del medio ambiente” y los acusa de ganar dinero con su “llamada defensa de la naturaleza”.

Llegar al cenote no es fácil. La obra, declarada de “seguridad nacional”, está bajo vigilancia de la Guardia Nacional.

Para acercarse hay que subir por un camino forestal que parte de Playa del Carmen, punto turístico de la costa. Para luego terminar a pie, con un guía, machete en mano.

En la cueva deberás equiparte con un casco y una lámpara, sin tener miedo de mojarte.

El camino, empinado y resbaladizo, está decorado con un paraíso de cientos de estalactitas y estalagmitas, las más antiguas de las cuales miden varios metros.

En este paisaje sobrenatural de belleza, de repente salta a la vista una imagen: los primeros pilares de soporte del tren.

Daño incalculable

El cemento se derramó en las aguas normalmente cristalinas, que parecen un caldo turbio.

Más grave aún, según el defensor ambiental Roberto Rojo: el pozo sirve de suministro de agua potable para los habitantes de la zona y llega hasta la barrera coralina mesoamericana en el mar Caribe, la segunda más importante del mundo.

“Las plantas, los animales y el resto de nosotros dependemos del que es uno de los últimos acuíferos potables que tenemos en México”, afirma.

El presidente López Obrador sostiene que los tubos están protegidos para evitar la filtración del cemento.

En respuesta al video, el presidente dijo hace unas semanas que solo hubo un derrame de cemento y que se están realizando reparaciones.

Pero otros pilares de soporte muestran filtración y las máquinas continúan cavando agujeros en el frágil suelo kárstico.

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FOTO CARL DE SOUZA, AGENCIA FRANCE-PRESSE

Un informe de la Profepa, divulgado el viernes por el diario El Universal, documentó cinco derrames.

El gobierno se defiende afirmando que a lo largo de los cinco tramos del tren se han creado nueve áreas naturales protegidas (1,34 millones de hectáreas en total).

El gobierno también se jacta de haber creado la región de Gran Calakmul (en Campeche, una de las etapas del tren), que compara con la segunda reserva de bosque tropical del mundo “después del Amazonas en Brasil”, con 1,5 millones de hectáreas.

Lejos del intercambio de argumentos entre defensores ambientales y el gobierno, turistas y locales abordan el tren en la estación de Playa del Carmen, inaugurada hace dos meses.

Para Jaime Vázquez, un promotor turístico de 40 años, la degradación ambiental es inherente al desarrollo. “Es el ying y el yang”, con “partes afectadas” pero otras que representan “beneficios para los humanos, por lo que hay un equilibrio”, dice.

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