Jonathan Binet en la galería Balice Hertling, con los medios a mano – Libération

Jonathan Binet en la galería Balice Hertling, con los medios a mano – Libération
Jonathan Binet en la galería Balice Hertling, con los medios a mano – Libération
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En París, el pintor expuso sus lienzos abstractos cepillados con amoladora, maltratando felizmente sus proyectos.

Por abstractos que sean, los cuadros de Jonathan Binet, expuestos en la galería Balice Hertling, cuentan una historia apasionante, llena de giros y vueltas, cuya heroína, el cuadro, ve todos los colores incluso antes de poder aterrizar en el lienzo. . De hecho, Binet prepara primero un marco para ello. Las cuales, desde sus primeros años de estudio en las Bellas Artes de París (nació en 1984), las deformó hasta darle formas extrañas. De modo que el trabajo residía allí, en los bordes, y no en el centro. Menos en el cosito pintado que en el perímetro.

Chorros de pintura compartidos

El artista acabó frustrándose. Quería pintar. A partir de entonces, acortando los preliminares, compró, para ponerse más rápidamente manos a la obra, lienzos de formato estándar e imprimados, es decir, recubiertos con una capa de blanco. No sucedió así. Decidió quitar la imprimación. Lo que equivale a empezar a pintar quitando el material con una amoladora, aunque eso signifique rayar el lienzo. El gesto fue ciertamente fiel a su forma habitual de tomar los lienzos a contrapelo, pero no satisfizo su frustración. Luego comenzó a verter la pintura sobre los lienzos de lino y a extenderla y a cepillarla, con la esmeriladora, convertida en pincel, que extendía sin privarse de salpicar el entorno. Donde se colocan otros lienzos que reciben chorros de pintura para compartir.

Si ciertos cuadros están perforados con dos círculos perfectos, es porque el artista dejó que el molinillo los mordiera en el lugar, sin manipularlo más. En otros lugares, si se arrancan tramos del marco es porque, en el taller, en ese lugar, vino otro lienzo a ocultar ese rincón. La obra, por tanto, nunca existe sola e integra incluso en su marco aquellas que forman parte de un mismo espacio de producción. Por eso Binet no deja en paz la pintura. Siempre hay un elemento (la herramienta, el soporte, el marco) que retrasa su realización, altera su rutina, abusa de su integridad entrando impunemente al campo. Y todas estas tribulaciones, lejos de agotar los cuadros, les confieren, como en la exposición, una presencia altiva de aventureros que regresan de muy lejos y dispuestos a regresar allí.

“Jonatán Binet. Una rosa es una rosa es una rosa” en la galería Balice Hertling, en París (75003), hasta el 9 de marzo. Rens. balicehertling.com

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